EL HOMBRE DE MIMBRE

Artículo publicado en GUADIELA, revista mensual de la Cuenca del Guadiela, nº de octubre 2007
Con la llegada del otoño, los campos de la Comarca del Guadiela adquieren una tonalidad púrpura , casi rojiza, que inunda al viajero de sensaciones contradictorias. La tristeza de la estación neblinosa se muestra al lado de la alegría propia del tiempo de la recolección, y las varillas secas de mimbre, a través de la destreza alquímica de los artesanos, se tornarán en cestas, biombos, nasas y cuévanos. Pero no siempre esta planta arbustiva dio lugar a este tipo de artículos cotidianos...
En tiempos remotos, cuando nuestros antepasados poblaban Ercávica y el muérdago sagrado se recogía en el claro del bosque, se construían colosos con paredes de mimbre, en cuyo interior se sacrificaban guerreros capturados en el campo de batalla prendiéndoles fuego.

Fig.1: Fotograma de la película "The Wickerman"(El hombre de mimbre) (1973) de Robin Hardy

Este salvaje ritual, observado por Julio César y Lucano entre los galos y los celtíberos , estaba dedicado a Taranis, el equivalente celta del Thor germánico, es decir, el dios del trueno y de la guerra. La siniestra ceremonia se solía realizar en Imbolc, la fiesta céltica del 1 de Febrero, mediante la cual se pretendía alejar el decadente frío invernal y atraer el esplendor vitalista de la primavera. Durante los siglos de cristianismo, tal vez esta tradición pervivió en las llamadas “quemas del Judas” que se llevan a cabo todavía en Carnaval y Semana Santa en algunos pueblos de Cuenca y Guadalajara, en las que se hace arder un pelele al que se llama Judas en referencia al apóstol traidor.

Nos hallamos pues, ante ritos de purificación por el fuego y como hemos comentado anteriormente, la intención última de éstos es regenerar la energía adormecida en el sueño del invierno y fortalecerse ante la reanudación de las contiendas. Se trata en suma, de lo que la antropología denomina “pruebas de iniciación o de paso”. Los historiadores romanos antes citados, posiblemente no observaron de forma directa lo acontecido en estos rituales y la interpretación más verosimil la encontramos en el chamanismo: además del sacrificio de la cremación antes descrito, el druida, actuando como chamán ,conduce al iniciado dentro de una pira sobre una cueva (nos recuerda esto a las cámaras fúnebres de las iniciaciones masónicas) y tras el trance provocado por el humo de ciertas hierbas con propiedades curativas como el beleño , la belladona o el estramonio que alteran su estado de conciencia, saldrá renovado espiritualmente, quedando así multiplicado su poder. Todo ello se desarrolla en una cabaña , una cabaña de haces de mimbre, como las que salpican los prados de las tierras del Guadiela…


Fig. 2: Haces de mimbre secándose en Priego (Cuenca)




MÁS INFORMACIÓN:

-Artesanía del mimbre en la Comarca: Artesanía/Castilla-La Mancha
-Yacimiento arqueológico celtíbero y romano de Ercávica: Patrimonio histórico/Castilla-La Mancha
-Página oficial del Festival del Hombre de Mimbre (The Wickerman Festival) en Dundrennan, Escocia: The Wickerman Festival
-Fotografías de Priego (Cuenca):Turismo/Castilla-La Mancha

LUGNASAD, LA FIESTA DE LOS LUSONES

Artículo publicado en GUADIELA, revista mensual de la Cuenca del Guadiela, nº de junio 2007

"El arpa que en los salones de Tara
el alma de la música derramara,
ahora cuelga muda en sus muros
como si hubiera escapado su alma.
Así muere en orgullo de días pasados,
tan gloriosa emoción ha terminado,
y los corazones,
que una vez latieron con orgullo
ahora no sienten su pulso."

Thomas Moore (1779-1852)


Fig 1: Ruinas de Ercávica, importante ciudad celtíbera, romana y sede episcopal en época visigoda, situada junto al cauce del río Guadiela y el pantano de Buendía, cerca del pueblo de Cañaveruelas, en la Alcarria Conquense.


El arpista debía ser nombrado maestro, Na Fili, en los tres géneros musicales: Suantraidhe, que nadie podía escuchar sin llegar a un sueño delicioso; Goltraidhe, que nadie podía resistir sin llorar y Geantraidhe, que nadie podía oír sin alegrarse.

El dios Lug regala el arpa a los hombres para mitigar los sinsabores de su existencia mortal y para que con sus arpegios, se invocara su nombre cuando las sombras se extendieran por el mundo. De esta forma, como una suerte de Prometeo céltico, los ayuda no sólo obsequiándolos con la música, sino que es el protector de los comerciantes, vela por las buenas cosechas y les descubre la civilización urbana.

Son numerosas las ciudades que tienen su origen en “Lugdunum”, es decir, “fortaleza de Lug”: Londres, Lyon, Leipzig, Leyden, Lugano o Lugo. Así como también derivan de la raíz semántica indoeuropea del término lug (resplandeciente, luminoso) varios pueblos de la Keltia peninsular como los lucenses, que ocupaban el territorio de la actual provincia de Lugo, los lugones, en el centro de Asturias, los lougoves, en el Burgo de Osma, en Soria, y los lusones, que poblaban la las denominadas “Fuentes del Tajo” en la Sierra de Albarracín (Teruel), alargándose hacia las parameras de Molina de Aragón en Guadalajara, la Alcarria conquense y la Cuenca del Guadiela, llegando a asimilar a otras tribus como los lobetanos de la Serranía de Cuenca y los turboletas en la zona de Teruel.

Fig. 2: Mapa con la distribución de los pueblos de la Celtiberia *


Pero además de la toponimia y la etimología de estos gentilicios, podemos rastrear el culto a Lug en la Celtiberia a través de la arqueología. La inscripción hallada en Peñalba de Villastar, en Teruel, y la tesera de hospitalidad de Luzaga, en Guadalajara, son buena prueba de ello. En ambos ejemplos, que datan del siglo I a. C., aparecen alusiones a esta deidad en idioma celta con caracteres íberos. En el caso de Peñalba de Villastar, se trata de un auténtico altar consagrado a Lug en el que parece estar atestiguada la realización de sacrificios y ofrendas.

Serán precisamente historiadores romanos y griegos como Lucano, Plinio, Diodoro de Sicilia y Estrabón, quienes harán referencia a los altares que jalonaban las principales rutas iniciáticas de los celtíberos, que ellos comparaban a los “lares viales” dedicados al dios Mercurio (el Hermes griego) ubicados en las encrucijadas para guiar a los viajeros. A este respecto, podemos considerar al Camino de Santiago como una reminiscencia de estos itinerarios sagrados, donde los peregrinos, junto con los citados altares, utilizaban como elemento de orientación la Vía Láctea, el “Arco iris de Lug”, que servía de puente hacia Tir na Nog, la isla de la eterna juventud que era el paraíso de los celtas. Es el mismo arco iris custodiado por Heimdal descrito en las Eddas noruegas, que separaba el Asgard, la tierra de los dioses, y el Midgard, la tierra de los hombres, el Más Allá y el mundo terrenal.

Fig 3: Vista de la Degollada desde el convento de San Miguel de la Victoria, en Priego ( Cuenca).Fotografía: Juan Antonio García Sanchez.



En el territorio ocupado por los lusones encontramos también, tras un velo de cristianismo, la huella del paganismo. El abrupto paraje del anteriormente llamado Estrecho de los Frailes y actual Estrecho de Priego, es un enclave telúrico que llega a sobrecoger al visitante con la sola contemplación de las dos majestuosas montañas que flanquean el río Escabas y ante la visión mística de la Cruz de la Degollada. No es extraño que tanto Templarios como ermitaños se asentaran en este entorno desde fechas tempranas. El Convento de San Miguel de la Victoria, erigido en el siglo XVI para conmemorar el triunfo en la batalla de Lepanto, lleva a fijarnos en un antiguo motivo de la religión indoeuropea: el guerrero de la luz (San Miguel Arcángel, Mitra, Apolo, Lug) vence a la bestia de la oscuridad, restaurando el equilibrio cósmico y asegurando la regeneración de la naturaleza.

El aspecto cíclico del tiempo, es representado iconográficamente mediante la rueda solar en espiral para enfatizar la idea de movimiento y cambio, de muerte y resurrección, en el mismo sentido que la cruz de Cristo. En la cultura celta a este símbolo solar se le denomina Trisquel, el llamado "estandarte del Cuervo Blanco". El cuervo es el animal totémico asociado a Lug y al dios nórdico Odín, quien posee dos de estas aves, Hugin (reflexión) y Munin (memoria). Están posados sobre sus hombros en su trono de Valhala y al amanecer, los envía a sobrevolar por sus dominios terrestres, volviendo al atardecer para murmurarle al oído todo lo que vieron y oyeron.

Ciertas creencias célticas hablan de espíritus que vuelven de la otra vida bajo la apariencia de un cuervo y, además, los druidas podían profetizar a tenor de la dirección que tomaba su vuelo. Adquiere Lug en este punto una dimensión de mediador entre las dos orillas, la de los vivos y la de los difuntos. El mismo Julio César lo identificará con el Dis Pater romano, el dios de los muertos que conducía las almas al Hades. Pero al igual que el Siva de la literatura védica hindú es también deidad de los vivos, pues con su macabro y frenético baile de creación y destrucción, propicia la muerte y el renacimiento, la siembra y la recolección…

El primero de agosto, en la colina de Tara, tenía lugar una gran asamblea en la que se conmemoraba la unión sagrada del dios del sol con Eriu, la diosa de la tierra, para renovar su alianza y poder colmar a sus hijos de frutos y rebaños: era Lugnasad, la fiesta de la cosecha, la fiesta de los lusones. A partir de este momento, se podían celebrar los matrimonios, pues se estaba libre de los grandes trabajos del campo y se tenía con que invitar en el banquete nupcial.

En la boda celta, los contrayentes beben de un cáliz de oro y entrelazan sus manos a través de la oquedad de una roca, sellando de esta forma su pacto de compromiso mútuo. Después, en torno al fuego purificador, se entretejerán las antiguas danzas rituales sobre el tapiz de la vieja tradición gaélica.

Esta atávica festividad se ha recuperado felizmente en la actualidad en la aldea lucense de Bretoña y en el castro de Chamartín de la Sierra, en Ávila, cuyas tierras, al igual que las bañadas por el río Guadiela y sus afluentes, están bendecidas por el dios Lug.

El rememorar ceremonias ancestrales como esta , tal vez sea una buena manera de restablecer nuestro vínculo con las fuerzas de la naturaleza , y evitar así , que los ritos de nuestros antepasados se pierdan definitivamente entre las brumas de Avalón.


Fig 4: "Tristán e Isolda", por John Duncan





(*) Mapa localización de los pueblos celtíberos: E-Keltoi:J
ournal of Interdisciplinary Celtic Studies


FRAY AMBROSIO MONTESINO (1444-1514): POESÍA MÍSTICA DE LA ALCARRIA

Artículo escrito para la revista GUADIELA, que no será publicado, pues esta publicación ha tenido que cerrar a pesar de su gran calidad, difusión y la buena aceptación que tenía en la Comarca del Guadiela.

Una de las imágenes más evocadoras de la poesía mística española del Siglo de Oro, es tal vez la representación simbólica de la noche. La noche como visión del alma atribulada, perdida por sendas tenebrosas, y que con la luz de la alborada, es guiada hacia verdes pastos de la mano del Buen Pastor. San Juan de la Cruz nos habla de la “Noche oscura”:

“En una noche oscura,
de ansia de amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.”

Fray Luis de león, de la “Noche serena”:

”Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado
y miro hacia el suelo, de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado”.

Y Fray Ambrosio Montesino nos mostrará la “Noche santa”:

“No la debemos dormir
la noche santa
no la debemos dormir,
la Virgen a solas piensa qué hará,
cuando el Rey de luz inmensa parirá”

Nacido en la noble y leal ciudad alcarreña de Huete, en la provincia de Cuenca, Ambrosio Montesino ingresa pronto en la Orden de los franciscanos, en la que encontrará los principios e ideales que palpitan en toda su obra: caridad, austeridad, compasión y profundo respeto por la naturaleza. Durante sus años de carrera eclesiástica llegará a ser confesor de la reina Isabel la Católica, bajo cuyos auspicios traduce y comenta la Vita Christi del monje cartujo Landolfo de Sajonia. Se trata de una refundición de los cuatro Evangelios en la que se resaltan los aspectos más teologales y sapienciales del Nuevo Testamento.

Además de traductor, desarrollará también una importante labor de creación poética: Coplas sobre diversas devociones y misterios de nuestra Santa Fé católica, Coplas de Nuestra Señora Reina del cielo, Romance en gloria de San Francisco y el Cancionero de diversas obras de nuevo trovadas, donde subyace la influencia de la antigua lírica castellana, desmarcándose de este modo de las corrientes italianizantes de la época.
Los temas y motivos que expone son fundamentalmente de carácter teológico y moral, destacando entre ellos la devoción a la Virgen y la búsqueda de Dios como camino de perfección espiritual. Pero también pondrá su atención en cuestiones más mundanas, como son el fariseísmo, la codicia y la vanidad, auténticas serpientes que roen los cimientos de la "nueva Babilonia" en la que se ha convertido el mundo. Otro concepto en el que se fija es en el de la inevitable evanescencia de la vida terrenal, asunto que será muy recurrente en la posterior literatura Barroca. En estos versos pertenecientes a sus Coplas sobre la Pasión, dejará reflejado este pensamiento de forma magistral y certera:

“Que nacemos carcomientos,
y al tiempo que más contentos,
ya la vida se nos pasa.”













Portada de la edición de Alcalá de Henares de 1502 de la Vita Chisti , en la que aparece el propio Fray Ambrosio Montesino junto con el impresor, Estanislao de Polonia, entregando la obra a los Reyes Católicos.
(imágen: SpanishArts)











MÁS INFORMACIÓN:

Homenaje a Fray Ambrosio Montesino en conmemoración del V centenario de la publicación de su cancionero, celebrado en el convento franciscano San Juan de los Reyes de Toledo, el 14 de febrero de 2009: http://www.huete.org

SEFARAD Y LA COMARCA DEL GUADIELA

Artículo escrito para la revista GUADIELA que no será publicado pues esta publicación ha tenido que cerrar a pesar de su gran calidad, difusión y la buena aceptación que tenía en la Comarca del Guadiela

Durante la Tercera Cruzada en Jerusalén, el sultán Saladino hace una difícil pregunta a su consejero Natán el judío: ¿Cuál es la verdadera religión: la musulmana, la judía o la cristiana? Ante esta complicada cuestión el sabio hebreo se sirve de la parábola de los tres anillos para intentar ofrecer una convincente explicación a su señor. Un padre quiere obsequiar a uno de sus tres hijos con un preciado anillo en señal de preeminencia, pero teme suscitar la envidia entre ellos y hace forjar otros dos iguales para evitar así que averigüen cual es el original. A su muerte, sus vástagos recurren a un juez para determinar que anillo es el auténtico. Incapaz de sentenciar al respecto, les manifiesta que han de aferrarse cada uno al suyo como si fuera el verdadero, pues así lo hubiera deseado su padre.

La frágil convivencia en la Península Ibérica de las tres “religiones del Libro” discurre por momentos tanto de relativa coexistencia pacífica como por otros repletos de tribulaciones. Es en la Baja Edad Media cuando aparecen los primeros síntomas que desencadenarán la ruptura del equilibrio entre las tres comunidades religiosas, desembocando en la expulsión de los Judios a finales del siglo XV.

También encontramos en esta época los primeros censos en los que se hace referencia a la distribución de la población judía en la Cuenca del Guadiela. A través del padrón de Huete de 1290 y el de Valdeolivas de 1388 conocemos la ubicación de las “aljamas”, es decir, de las juderías en esta comarca y otras zonas de España, además de ofrecernos valiosa información acerca de su estatus jurídico.
Desde su llegada, la condición legal de los judíos atraviesa por distintas circunstancias y avatares históricos. Gracias a decretos favorables como la “religio licita” con los romanos, el pacto de la “Dhimma” con los árabes y la “Carta inter christianos et judaeos” del rey Alfonso VI de Castilla, disfrutarán de cierta tolerancia religiosa. Buena prueba de ello es este pasaje recogido en el Fuero de Cuenca de 1189: “Si un judío y un cristiano pleitean por algo, designen dos alcaldes vecinos, uno de los cuales sea cristiano y otro judío”.
Otras veces la situación se torna más convulsa y más restrictiva para ellos, coincidiendo con el abandono de la herejía del arrianismo por parte de los visigodos, con la conversión al cristianismo del Imperio Romano, con la irrupción de los Almohades en Al-Andalus y finalmente con el reinado de los Reyes Católicos y su definitiva marcha en 1492, emprendiendo a partir de entonces una diáspora que los llevará hasta el norte de África, los Balcanes, Turquía y Grecia.
A pesar de haber probado el “cáliz de la amargura” del destierro, los sefardíes, aún hoy en día, no han olvidado ni sus tradiciones ni su idioma, el “ladino”, una mezcla de español y hebreo que emplean en muchas de sus canciones, en las que rememoran el tiempo en el que habitaban Sefarad, para ellos casi una nueva Tierra prometida, “una tierra buena y extensa de la que manan ríos de leche y miel” (Exodo 3, 15).






Vista de Valdeolivas (Cuenca), donde se elaboró en 1388 un padrón con importante información sobre la población de la Comarca del Guadiela en época medieval







DON DIEGO FERNÁNDEZ DE HUETE: ARPA DE PÁRAMOS Y ALCARRIAS

Artículo publicado en GUADIELA, revista mensual de la Cuenca del Guadiela, nº de enero 2008

Nos cuenta W. B. Yeats en su Crepúsculo celta que en una ocasión, el bardo vagabundo Turlough O´Carolan (1670-1738) decidió pasar la noche junto a las piedras megalíticas de un cromlech. A la mañana siguiente, al despertar, comprobó que había perdido la vista y comprendió que había sido objeto de un hechizo. Los seres mágicos habitantes de este lugar sagrado, a cambio de dejarlo ciego, le concedieron el don del genio musical y a partir de entonces se convirtió en el más renombrado de los arpistas de la verde Erín.

Fig. 1: "El sueño de Ossian" de D. Ingres, con el bardo apoyado en su arpa

Además de en Irlanda, el arpa tuvo gran difusión por toda Europa Occidental sobre todo desde la Edad Media hasta el Barroco, perdiendo protagonismo más tarde ante otros instrumentos de similar sonoridad y registro como la vihuela ,la guitarra o el laúd y más fáciles de tañer y transportar. En España , alcanzó su apogeo a finales del siglo XVII y principios del XVIII con grandes compositores tanto para música litúrgica como profana. Cabe destacar entre ellos la figura de Lucas Ruiz de Ribayaz y Fonseca (1626-1677) , quien desempeñó el puesto de presbítero en la colegiata de Villafranca del Bierzo pasando después a Perú al servicio del virrey. A su regreso en 1677, publicará una recopilación de sus obras que titula Luz y Norte musical para caminar por las cifras de guitarra y arpa.

Pero el músico más destacado en este género será sin duda Diego Fernández de Huete (1635-1713), no solo por la riqueza armónica de sus composiciones sino también por el gran virtuosismo que demostraba al ejecutarlas. Con antiguos orígenes familiares en la villa alcarreña que da lugar a su apellido, su vida artística se desarrolla principalmente como arpista de la catedral de Toledo y culminará en 1702 con la publicación de su Compendio numeroso de cifras. Se trata de una colección de piezas muy del gusto de la época: gallardas, alemandas, pavanas, zarembeques..., que afortunadamente hoy podemos apreciar gracias a la excelente grabación realizada por la arpista Nuria Llopis Areny en su disco Ecos de cifras*, editado en 2002.

Al escuchar la delicada belleza de los arpegios y la suave cadencia de las melodías, que asemejan el lento y acompasado discurrir de las aguas de de un río, nos lleva a pensar que tal vez, al igual que O`Carolan , Don Diego Fernández de Huete recibió la inspiración de los viejos dioses para poder crear tan maravillosa música entre estas serranías, páramos y alcarrias.





Fig. 2: Detalle de "El Jardín de las delicias" de El Bosco, donde aparece un laúd, un arpa y una zanfona





(
*) Para escuchar una muestra de este disco: NURIA LLOPIS ARENY: "Ecos de cifras -Música española para arpa de los siglos XVII y XVIII"


LA ESPADA Y LA MITRA: ESPLENDOR MEDIEVAL EN LA COMARCA DEL GUADIELA

Artículo publicado en GUADIELA, revista mensual de la Cuenca del Guadiela, nº de marzo 2008

"La bondad y la lealtad hacen guardia al Rey. Su trono está fundamentado en la benevolencia" (Proverbios de Salomón 20, 28)

Don Pedro Carrillo de Huete (1380-1448), tercer señor de Priego y halconero mayor del rey Juan II de Aragón, es el autor de una de las más importantes obras historiográficas para conocer la vida y costumbres de las cortes medievales, la llamada Crónica del halconero. Con un estilo austero pero muy descriptivo, nos acerca a un tiempo en el que la nobleza, imbuida por el ideal caballeresco, impartía justicia y trataba de ser magnánima con sus siervos y vasallos. En el relato encontramos justas, torneos, contiendas, fiestas... pero también traiciones. De hecho, el reinado de Juan II estuvo marcado por intrigas y rebeliones instigadas por la aristocracia e incluso por su propio hijo, Carlos de Viana, quien a la muerte de su madre, la reina Blanca de Navarra, reclama el trono para sí levantándose contra su padre, siendo derrotado por éste en la batalla de Aibar en 1451. Juan II será entonces proclamado rey de Navarra, uniendo de esta forma este reino a la Corona de Aragón y a sus posesiones en Italia.

“¡Que descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!” (Fray Luis de León)

El marqués Enrique de Villena (1384-1434), nieto bastardo de Enrique II de Castilla y maestre de la Orden de Calatrava, se dedicó desde edad temprana al estudio de diversas ciencias: teologia, filosofía, astronomía, medicina... y se ocupó de otras disciplinas más heterodoxas como la astrología, la cábala y la adivinación, por lo que será conocido como “el Nigromante”. Es precisamente su desmedido interés hacia el ocultismo lo que ocasionará la desdicha en su matrimonio con Doña María de Albornoz, señora de Salmerón y Valdeolivas.
Su gran erudición abarcaba también la traducción de obras clásicas como La Divina Comedia de Dante , la Eneida de Virgilio o la Retórica de Cicerón y desde su retiro místico y placentero en el castillo de Torralba escribe varios tratados sobre gastronomía, mitología, poesía y alquimia.


“Él gobernará la naciones y dictará sus leyes a pueblos numerosos, que trocarán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces.” (Isaías 2, 4)

Una antigua tradición afirma que la casa natal de una de las figuras más relevantes del medievo europeo, el cardenal Gil de Albornoz, se encuentra en la calle de los Olmos, en Cañamares.
Don Gil Álvarez Carrillo de Albornoz (1310-1367) destacó tanto por su gran capacidad diplomática, que demostró como consejero de Alfonso XI de Castilla en calidad de arzobispo de Toledo, como por su valentía y decisión, interviniendo en varias
batallas junto al rey. Con el advenimiento al poder de Pedro I el Cruel, de quien no gozaba de su favor, tuvo que exiliarse a Aviñón donde es acogido por el Papa Clemente VI. En esta ciudad francesa, dará nuevamente muestras de su habilidad en el terreno político actuando brillantemente para preparar la vuelta del nuevo pontífice Inocencio VI a Roma. Una vez allí, establece las Constituciones Egidianas que aseguraron la paz entre los Estados de la Iglesia, lo que le hará merecedor de la dignidad cardenalicia.
En la actualidad, podemos contemplar un espléndido ejemplo de su valioso
legado, pues el colegio que instituyó en la Universidad de Bolonia, en Italia, para formar a los futuros altos cargos de la administración castellana sigue en funcionamiento, ofreciendo a la sociedad de hoy los mismos principios que guiaron a su fundador en plena Edad Media: la bondad, la lealtad y la benevolencia.




Fig 2: Claustro del Real Colegio de España en Bolonia (Italia), fundado por el cardenal Albornoz.










Fig 3: Torre del castillo de Torralba, en la Comarca del Guadiela, localidad natal del marqués Enrique de Villena, el "Nigromante"







Fotografías: Exma. Diputación de Cuenca: http://www.dipucuenca.es